
Los millones de litros de Agente Naranja que lanzó el ejército estadounidense sobre las llanuras de Vietnam entre 1962 y 1971 para matar las cosechas y despejar los campos donde se ocultaba la guerilla comunista, no pasaron "desapercibidos".
Sin discriminación ninguna entre civilies y militares, este producto químico se roció a diestro y siniestro sin contemplaciones, estando expuesta la mayoría de la población en numerosas ocasiones al agente, una combinación de dos sustancias químicas -2,4-D y 2,4,5-T- cuya elaboración implica la aparición de dioxinas, uno de los venenos más potentes creado por el hombre.
Los hijos del Agente Naranja abarcan hasta cuatro generaciones de menores discapacitados: alrededor de 150.000 personas entre el millón de afectados por los bombardeos químicos que se calcula hay en el país. Cada año, especialmente en las áreas más castigadas por el ejército de EEUU, la cifra engorda con los miles de niños que nacen con deformidades y enfermedades congénitas, la herencia de la guerra.
Lo que antaño fueron inmensos bosques ricos en diversas especies tanto en la flora como en la fauna, ahora son tierras semideserticas, cuya repoblación supone un gasto enorme que el país no puede afrontar. La mayoría de los lagos están contaminados, lagos en los que recogen el plancton como alimento, y aguas que utilizan para el cultivo de arroz. La purificación de estos lagos, al igual que la repoblación de bosques, supone también un gasto enorme.
Gigantes como Dow Chemical o Monsanto ya han tenido que dar explicaciones ante los tribunales por su papel en los bombardeos, pero de momento ninguna compañía ha asumido su presunta responsablidad. En 1984, varios productores de herbicida negaron su culpabilidad y se negaron a pagar 180 millones de dólares a veteranos americanos, pero los soldados expuestos a los productos tóxicos no renunciaron y en junio de 2003 la Corte suprema de EEUU les permitió continuar con sus acciones judiciales.
La aviación americana les dio su apoyo a principios de 2004 cuando admitió que los veteranos de Vietnam tienen más riesgo de desarrollar diversos tipos de cáncer, entre ellos de próstata, del aparato respiratorio y de los tejidos blandos.
Ahora las víctimas vietnamitas reclaman sus derechos. De momento, la única ayuda de que disponen procede de organizaciones internacionales como la Cruz Roja.
Conclusión:
Si todo el dinero que EE.UU se gastó en la ilegal guerra de Irak, lo hubiese empleado en reconstruir todo lo que destruyó en Vietnam con el agente naranja y el Napalm, la situación de Vietnam sería bien diferente. Pero como en toda la historia de la humanidad (a la cuál detesto cada día más), aquél que tiene el poder tiene la razón, aunque no la tenga.